Quien mete las narices…

The Ring

The Ring

Otro género cinematográfico al que de vez en cuando asoma una periodista (en femenino) es el cine de terror. Si en las películas de acción el trabajo como periodista permitía justificar que hubiese una chica en un ámbito a priori poco femenino, en el caso de las películas de terror se trata de filmes que en general sirven para refrendar la idea de que el carácter entrometido de los chicos de la prensa -y, sobre todo, el de las chicas-, unido a una buena dosis de inconsciencia, es causa en numerosas ocasiones de innumerables desdichas y tragedias.

Son muchos los ejemplos que podemos encontrar a lo largo del siglo XX. Hoy nos vamos a detener en uno de ellos que es, en concreto, la más célebre representante del cine de terror nipón que gozó de tanto éxito a finales de los 90 y principios de los 2000. Y es que la protagonista de Ringu (The Ring: El círculo) (Hideo Nakata, 1998), Reiko Asakawa (Nanako Matsushima) es una periodista, cuyas desgracias empiezan cuando investiga para un reportaje una leyenda urbana.

Reiko no da inicialmente crédito a la historia de que existe una cinta de vídeo que ocasiona la muerte, inexplicable y fulminante, del que la ve una semana después de haberla visto. Así que tanto Reiko como su hijo pequeño y su ex marido ven la cinta maldita, de modo que cuando la periodista cuente con pruebas suficientes como para considerar que el relato sobre la misma es algo más que una leyenda urbana tendrá que tratar por todos los medios de deshacer la maldición, no sólo para salvar su propia vida sino también la de su hijo. El ex marido, cuya aportación resulta fundamental en la resolución del misterio, sí se convierte en víctima mortal de la maldición, mientras que Reiko y su hijo se salvan gracias al descubrimiento accidental por parte de la reportera del “antídoto”: el que quiera librarse de la maldición ha de copiar la cinta y dársela a otra persona, provocando así a una cadena interminable, el círculo sin fin que da título a la película.

Obviamente en esta película el retrato profesional no sólo es secundario sino que es además prácticamente inexistente y como se apuntó al principio sirve fundamentalmente como disculpa argumental para justficar la investigación que da pie a la trama. Sin embargo es cierto que si se suman otras cintas similares a las que dedicaremos futuras entradas, se crea un cierto cliché del reportero entrometido que al meterse donde nadie le llama ocasiona innumerables desdichas en su entorno. Y, como ya apunté al principio, no deja de ser significativo que en este estereotipo abunden más los personajes femeninos que los masculinos.

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