Las damas de la prensa de 1930

King of Jazz es una película de 1930 o, para ser más precisos, una revista cinematográfica repleta de números musicales y sketches sobre temas muy variados. Uno de ellos se titula “Ladies of the press” (Damas de la prensa) y en él podemos ver a la resuelta jefa de local de un periódico y sus exigencias de “máxima actualidad”. El sketch es muy corto, así que os recomiendo que lo veáis entero.

Tanto el look de las periodistas que aparecen en él como su manera de comportarse responden a un tópico cinematoráfico acuñado a finales de los años 20 y que sobrevivió hasta los años 90. Se trata de la sob sister, una resuelta reportera que se ocupaba sobre todo de temas lacrimógenos que incluían sucesos y reportajes de sociedad, que no de vida social. Estas chicas de la prensa querían demostrarle a sus compañeros que eran tan buenas y tan duras como ellos, si bien en muchos casos cambiaban de estilo y de opinión al encontrarse con algún colega dispuesto a deslizar en su dedo un anillo de matrimonio.

Las actrices en pantalla son: Laura La Plante (jefa de local),  Kathryn Crawford (cuarta reportera), Grace Hayes (tercera reportera), Merna Kennedy (segunda reportera) y Jeanie Lang (primera reportera).

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Broadcasts News: ¿éxito o amor?

Hace tiempo que me pregunto si para todos los periodistas hubo una película que les dio el primer o último empujón a la hora de decidir su futuro profesional. Mi amigo el profesor y periodista Antonio Sanjuán me comentó alguna vez que la suya fue Los gritos del silencio. La mía, sin duda alguna, fue Broadcast News, que en España se tituló “Al filo de la noticia”, donde no sólo se veía el ritmo frenético de los informativos de una cadena de televisión sino donde además había una periodista que en aquel momento me pareció todo un modelo a seguir, con su indiscutible talento, su imbatible carácter y su absoluto amor por el periodismo. Sus crisis de llanto en solitario y el hecho de que acabe más sola que la una se ve que fueron elementos que la versión infantil de mi misma no computó en el debe del retrato profesional de Jane Craig, interpretada por Holly Hunter y dando réplica en la pantalla a William Hurt, como un cínico y atractivo presentador, y al serio, talentoso pero algo patoso personaje interpretado por Albert Brooks, con su memorable escena en la que acaba empapado en sudor la primera vez que tiene la oportunidad de ponerse ante la cámara.

Jane Craig (Holly Hunter) en Broadcast News

Muchos años más tarde leí el que considero uno de los artículos más sugerentes sobre la imagen de la mujer periodista publicados hasta el momento. Lo firma Linda A. Detman y trata precisamente sobre el personaje de Jane Craig. Detman extrae diversos significados de la película a través de la negociación que se establece entre el espectador y el texto fílmico, entre los cuales destaca, sobre todo, el apoyo de la falsa idea de que las mujeres deben elegir entre tener una carrera profesional o una vida privada satisfactoria. Este discurso sobrevivió durante muchos años. No hay más que pensar, por ejemplo, en las desventuras amorosas de Bridget Jones o en el talante de la Robin de How I met your mother para darse cuenta de que la representación cinematográfica de la periodista suele asociarse todavía hoy al conflicto entre lo personal y lo profesional.

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Los periodistas de cine más populares

CiudadanoKane

Cada uno tiene sus aficiones y una de las mías es cuantificar y contabilizar. Semejante manía, unida a las exigencias de la redacción de una tesis, hacen que la mía esté poblada de datos curiosos más o menos relevantes, cómo el de cuál es el periodista cinematográfico más popular entre los estudiosos de la cuestión. Y es que uno de los ejercicios que hice en su momento fue el de contabilizar las veces que la bibliografía sobre cine y periodismo existente en castellano hasta entonces citaba a cada personaje cinematográfico.

La foto que acompaña esta entrada supongo que ya deja adivinar que el primero de este particular ranking no es otro que Charles Foster Kane (Orson Welles), el protagonista de Ciudadano Kane, (Orson Welles, 1940), un personaje bastante negativo al que los distintos autores se refieren dentro de capítulos tales como el periodista como villano, la relación de los periodistas con la política, el periodista y la vida privada y, sobre todo, en menciones diversas a los magnates de los medios de de comunicación, un personaje al que el cine en general no ha mirado con muy buenos ojos.

Los siguientes puestos de la lista están ocupados también por personajes masculinos como Ed Hutchinson (Humphrey Bogart) en El cuarto poder (Richard Brooks, 1952), que en buena medida vendría a ser la otra cara profesional de Kane, un implicado director de prensa que aparece mencionado como cruzado, periodista comprometido o defensor del pueblo, entre otros. En un nivel inferior, pero todavía entre los personajes más relevantes, se sitúan otros cinco periodistas varones: el también malvado magnate D. B. Norton (Edward Arnold) de Juan Nadie (Frank Capra, 1941), el inexperto corresponsal Guy Hamilton (Mel Gibson) de El año que vivimos peligrosamente (Peter Weir, 1983), así como los también corresponsales Russell Price (Nick Nolte) de Bajo el fuego (Roger Spottiswoode, 1983) y Sam Waterston (Sydney Schanberg) de Los gritos del silencio (Roland Joffé, 1984) y, por último, el superficial Marcello Rubini (Marcello Mastroiani) de La dolce vita (Federico Fellini, 1960).

Ya a continuación de estos encontramos los primeros nombres femeninos. Las periodistas más “relevantes” de la historia del cine, de acuerdo con este rasero, son: Ann Mitchell (Barbara Stanwyck) también en Juan Nadie, en la que da vida a una periodista sensacionalista y sin escrúpulos finalmente redimida; la corresponsal Claire Stryder (Joanna Cassidy) de Bajo el fuego, con frecuencia citada a colación de su compañero de reparto ya mencionado más arriba y, por último, la malvada Diana Christensen (Faye Dunaway) de Network (Sydney Lumet, 1976), una de las malas más malérrimas de toda la historia del cine, aunque en el retrato de las periodistas cinematográficos se trata de un puesto bastante disputado.

La contabilidad de las citas académicas premite extraer otras conclusiones curiosas como que el periodista de cine es fundamentalmente reportero, trabaja en prensa escrita y con mucha frecuencia en la sección de Sucesos.

Otro día os cuento más.

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Escuela de periodismo

¿Las mujer a los toros? De Manola… y de cronista

Hoy os traigo una auténtica curiosidad. Se titula Escuela de Periodismo (Jesús Pascual, 1956) y es una película de difícil digestión hoy día, pero muy interesante para hacerse una idea del ambiente que se respiraba en la España de los años 50. Escuela de periodismo es una historia coral que en este caso tiene como eje central la Escuela Oficial de Periodismo de Barcelona. El punto de partida es de lo más prometedor, ya que varias alumnas de la escuela tratan de demostrar a sus compañeros, por lo demás muy machistas, que están tan preparadas como ellos para el ejercicio de la profesión, para lo cual se aventuran en contextos poco femeninos como los toros o el boxeo…

Este film ponía así de relieve la situación de la sociedad española a mediados de los 50, en la que empezaba a registrarse cierta pugna entre la pulsión hacia la conversión a una sociedad moderna y el peso del machismo tradicional reforzado por el franquismo.Pero si a alguien le quedan dudas al respecto, que no creo, el retrato de las jóvenes y aguerridas reporteras es cuando menos sonrojante y en realidad su aventura periodística no es más que una disculpa para mostrar en la gran pantalla los espectáculos mencionados.

Escuela de Periodismo

Quien mete las narices…

The Ring

The Ring

Otro género cinematográfico al que de vez en cuando asoma una periodista (en femenino) es el cine de terror. Si en las películas de acción el trabajo como periodista permitía justificar que hubiese una chica en un ámbito a priori poco femenino, en el caso de las películas de terror se trata de filmes que en general sirven para refrendar la idea de que el carácter entrometido de los chicos de la prensa -y, sobre todo, el de las chicas-, unido a una buena dosis de inconsciencia, es causa en numerosas ocasiones de innumerables desdichas y tragedias.

Son muchos los ejemplos que podemos encontrar a lo largo del siglo XX. Hoy nos vamos a detener en uno de ellos que es, en concreto, la más célebre representante del cine de terror nipón que gozó de tanto éxito a finales de los 90 y principios de los 2000. Y es que la protagonista de Ringu (The Ring: El círculo) (Hideo Nakata, 1998), Reiko Asakawa (Nanako Matsushima) es una periodista, cuyas desgracias empiezan cuando investiga para un reportaje una leyenda urbana.

Reiko no da inicialmente crédito a la historia de que existe una cinta de vídeo que ocasiona la muerte, inexplicable y fulminante, del que la ve una semana después de haberla visto. Así que tanto Reiko como su hijo pequeño y su ex marido ven la cinta maldita, de modo que cuando la periodista cuente con pruebas suficientes como para considerar que el relato sobre la misma es algo más que una leyenda urbana tendrá que tratar por todos los medios de deshacer la maldición, no sólo para salvar su propia vida sino también la de su hijo. El ex marido, cuya aportación resulta fundamental en la resolución del misterio, sí se convierte en víctima mortal de la maldición, mientras que Reiko y su hijo se salvan gracias al descubrimiento accidental por parte de la reportera del “antídoto”: el que quiera librarse de la maldición ha de copiar la cinta y dársela a otra persona, provocando así a una cadena interminable, el círculo sin fin que da título a la película.

Obviamente en esta película el retrato profesional no sólo es secundario sino que es además prácticamente inexistente y como se apuntó al principio sirve fundamentalmente como disculpa argumental para justficar la investigación que da pie a la trama. Sin embargo es cierto que si se suman otras cintas similares a las que dedicaremos futuras entradas, se crea un cierto cliché del reportero entrometido que al meterse donde nadie le llama ocasiona innumerables desdichas en su entorno. Y, como ya apunté al principio, no deja de ser significativo que en este estereotipo abunden más los personajes femeninos que los masculinos.

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El debate sobre la neutralidad periodística en zonas de conflicto en Before the rain

Antes de la lluvia (Before the rain, 1994) , Territorio comanche (1997)  y El año de las armas (Year of the gun, 1991) son tres películas de los 90 aparentemente muy dispares entre sí cuyo principal elemento común, al menos de cara a este blog, es el planteamiento en su trama de la posibilidad de que el que haya un periodista delante pueda llegar a ser la causa inmediata de un acontecimiento indeseado, más en concreto, de la muerte de un hombLos gritos del silenciore. Si unos años antes Los gritos del silencio (The Killing Fields, 1984) mostraba la futilidad de la pretensión del protagonista de parar un asesinato con su cámara, las tres películas mencionadas se sitúan en una posición aún más negativa con respecto al papel de los medios en los conflictos, ya que, como queda apuntado, “proponen” que incluso puede ser la presencia del periodista la que provoque el crimen.

Hoy voy a centrarme en la primera de ellas, Before the rain, en la que el reputado fotógrafo internacional y ganador de un Pulitzer, Aleksander Kirkov (Rade Serbedzija) anuncia su intención de dejar su trabajo a su regreso de la cobertura de un conflicto bélico. La necesidad de tomar partido ante la guerra y la violencia es un asunto que se plantea en varias ocasiones a lo largo del filme, la primera por parte de su novia Anne (Katrin Cartlidge), que también es editora gráfica en la agencia de noticias británica para la que él trabaja, coincidiendo con el momento en que Kirkov plantea que quiere dejar su trabajo y regresar a su Macedonia natal. Lo que Anne desconoce es que el fotógrafo toma esta decisión porque se siente culpable del asesinato de un hombre a manos de un miliciano. Más tarde le escribe una carta contándole lo ocurrido, momento que se recoge en el siguiente fragmento de vídeo:

Este episodio marca un antes y después para Kirkov, puesto que para él queda claro que ya no puede acogerse nunca más a la ficción de neutralidad desde la cual tomaba sus fotografías. En este sentido, Erik Tangerstad en su interesente estudio sobre la película apunta que una vez comprendida su ingenuidad anterior, el fotógrafo abandona también al mismo tiempo  su creencia de que la realidad puede ser documentada a través del realismo fotográfico. Más aún, según Tangerstad, este cambio en el punto de vista de Aleks implica que la noción de realismo debe ser reconsiderada en su totalidad.

La película anula así la idea de neutralidad y deja también claro no existe lugar en el que esconderse. Ya de regreso en Macedonia, su antigua novia Hana le reprocha, con respecto al incipiente conflicto entre albaneses y musulmanes, que él sólo observe, que no sea capaz de tomar partido (Before the rain, 01:35:01). Cuando por fin lo hace, tratando de impedir que la hija de Hana sea ajusticiada por sus primos, es él mismo el que muere. Y es que, de hecho, uno de los principales mensajes del filme es la imposibilidad de abstraerse de los efectos generados por la violencia, por muy lejos que una crea vivir de ella. La toma de partido se presenta no sólo como necesaria, como plantean las mujeres que rodean a Kirkov, sino también como ine­vitable.

Termino esta entrada con una cita de otro artículo sobre la película, en este caso escrito por Irene Makarushka. El texto completo, en inglés, puede leerse aquí

Las reflexiones de Manchevski sobre la violencia plantean cuestiones relacionadas con los juicios morales y la toma de partido. ¿Es posible tomar partido contra la violencia y el asesinato sin convertirse en víctima o perpetrador de la violencia? ¿Pueden las instituciones religiosas mantenerse apolíticas, resistirse a tomar partido y aún así conservar algún grado de autoridad moral? ¿Se puede superar un odio definido histórica y culturamente entre distintos grupos éticos y religiosos para conservar una identidad nacional?

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La intrépida periodista en el Oeste

“No todas podemos dar de comer a los peones y tener hijos.Que cada una haga lo que quiera. Yo quiero ser periodista”, Eleanor Stone (El regreso de Frank James)

Eleanor Stone (Gene Tierny) en The Return of Frank James es un ejemplo, no tan infrecuente como se podría pensar a simple vista, de mujer periodista en película del Oeste que en este caso se corresponde, además, con el estereotipo de la “Eva moderna” al que ya me he referido en alguna entrada anterior.
Eleanor es aquí la joven e ingenua hija del propietario del Denver Star, que aspira a convertirse en periodista a pesar del asombro de su primer entrevistado, Frank James (Henry Fonda) y la desaprobación de su padre. Los argumentos de Eleanor, expresados en tono altisonante, resultan ridículos, infantiles e incluso frívolos en comparación con la situación de las mujeres fuertes del Oeste a las que se refiere James.

Tras esta encendida proclama, Frank James y su socio, que se han presentado con nombres falsos, le colocan una fantasiosa historia sobre la muerte de James que ella publica sin comprobarla en absoluto, palabra por palabra, provocando así que un periódico de la competencia acuse al Denver Star de difundir rumores interesados. Por supuesto, Eleanor Stone desarrolla un interés más que profesional en Frank James, aunque la película deja en suspenso el futuro de la relación entre ambos.

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"BAJO FUEGO": Una imagen de mentiras vale mas que mil balas.

Reblogueado desde Aula de Cine:

"UNDER FIRE" (Roger Spotiswoode, 1983)

CINEFORO CCEN: CINE Y PERIODISMO

Julio 2012

La acción de “BAJO FUEGO” se desarrolla en la Nicaragua de la insurrección de 1979, pero esta no es la historia del triunfo revolucionario. La película pertenece a un sub-género popular a inicios de los 80s. Si ahora Hollywood adora a los súper-héroes vestidos de spandex, en aquel entonces amaba las historias basadas en la vida real, protagonizadas por periodistas en zonas de guerra de todo el mundo.

Leer más… 1.032 palabras más

"Bajo el fuego: una imagen de mentiras vale más que mil balas", interesante artículo del blog Aula de Cine sobre esta película de los años 80 en la que se aborda la cuestión de la neutralidad de los informadores en conflictos bélicos.

Las piernas de Vicky Vale

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La relación entre los superhéroes y la prensa es intensa y directa porque, al fin y al cabo, qué sería de un súperheroe sin un medio de comunicación que difunda sus hazañas…. Claro que no es raro que ocurra también lo contrario y que el superhéroe en cuestión no tenga más remedio que lidiar con noticias más o menos interesadas que empañan su imagen pública. Y qué mejor para evitarlo que estar cerca de los medios, tan cerca como el alter ego de Superman, el patoso Clark Kent, o como el aspirante a fotógrafo en nómina Peter Parker.

También en el Batman de Tim Burton hay prensa de por medio, en este caso fundamentalmente a través de Vicky Vale, interpretada ni más ni menos que por Kim Basinger, mito erótico por excelencia del cine de los años 80. Y siendo así, a quién le puede extrañar que la presentación de la profesionalísima fotógrafa sea como sigue:

El “Hello, legs” de su colega reportero lo dice todo. Por cierto que esta no es ni la primera ni será la última presentación cinematográfica de una periodista con un plano de sus piernas. Por lo demás, la descripción del trabajo profesional de Vicky Vale en el filme no tiene mucho más interés que el de verla con su Nikon F3 en ristre.

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“Soy periodista… Y saco también fotografías”

“Patrulla de rescate” (Flight from Ashiya) es un drama de 1964 dirigido por Michael Anderson con un reparto encabezado por Yul Brinner, Richard Widmark y George Chakiris interpretando a tres valerosos oficiales del servicio de rescate aéreo estadounidense en el Pacífico post II Guerra Mundial que afrontan una difícil tarea de salvamento mientras luchan también con sus dramas personales que emergen a modo de flashbacks.

Todo muy masculino.

Imagen

Así que para que no lo sea tanto, el reparto y la historia se aderezan con la presencia en los flashback de personajes femeninos, de los que el que aquí nos interesa es el de la fotoperiodista Caroline Gordon, interpretada por Shirley Knight, que protagoniza los recuerdos del coronel Stevenson (Widmark). Aunque en el doblaje al castellano se pierde el matiz, en su primer encuentro ella se define como un “chico de la prensa” (newspaperman) pero queda bastante claro que él no la ve como tal. A cambio, la versión doblada es, con todos los respetos, absolutamente despiporrante y me ahorra a mí cualquier intento de descripción de qué tipo de personaje es éste ante el que nos encontramos, que bien pudo haber servido de inspiración para “Barbie fotógrafa” (que sí, existe, ¿ o acaso lo dudabáis?). También hay Barbie redactora y Barbie reportera, pero a estas habrá que dejarlas para entradas correspondientes a películas más modernas.

Tras desvestir a la osada fotoperiodista (aunque bastante castamente, el cine venidero será más explícito) la película procede a castigarla sistemáticamente. Primero el comandante planea abandonarla tras un romance sin previo paso por vicaría, pero ella se adelanta por la mano y huye al saber que está embarazada. Así que Stevenson la busca, se casan pero, un drama es un drama, ella pierde al bebé al contraer unas fiebres mientras andaba danzando por el mundo tratando de cubrir la guerra. Los japoneses se niegan a prestarle auxilio porque las medicinas que tienen no son suficientes para su propia gente.  Como consecuencia ella muere y sobre su muerte se cimenta el brutal odio que el coronel Stevenson les tiene a los japoneses. Fin del flashback.

El personaje de Caroline Gordon es un ejemplo típico aunque temprano de la presencia de “chicas” periodistas en películas de aventuras y/o acción en las que el grueso del reparto es masculino. Carreras de coches, combates de boxeo, expediciones aventureras… son algunos contextos en los que el periodismo se convierte en una excelente disculpa para incluir a una mujer en el reparto, un personaje que, como ya se apuntó más arriba, más tarde o más temprano termina aligerando su vestimenta de forma más o menos modosa según la época en la que se haya filmado la película en cuestión.

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